Alegato

Encerrado-celda-aislamiento_TL5IMA20080718_0003_4El juez me miraba con expresión severa. Sabía que no había esperanza. Sin embargo, tragué saliva y me puse en pie, dispuesto a hablar antes de que se retirase a deliberar, tal y como había solicitado.

—Mire usted, yo sé que todo esto de lo que se me acusa es terrible, no voy a negarlo —admití con una voz tan penosa que ni siquiera me sonó como mía—. Pero también creo que puedo seguir alegando que no estaba en mis cabales. Y creo que hasta usted podría entenderme.

El juez resopló y apoyó los antebrazos sobre su mesa.

—A ver, explíquese.

—Señoría, es que estaba enamorado —me temblaba la voz al responder, pues quería llorar—. Y todos hacemos locuras por amor. Ese tipo de cosas que, hasta que no las vemos desde fuera, no somos capaces de asumir. Que nos parecen estúpidas cuando vemos a nuestros amigos hacerlas. Les avisamos, les advertimos… es una absoluta enajenación mental. Por favor, intente comprenderlo. Lo único que me ha guiado en todos estos hechos de que se me acusan ha sido el amor. ¿Es que usted nunca ha estado enamorado?

El juez se rascó el cuello por debajo de la túnica mientras volvía a resoplar.

—Por supuesto que he estado enamorado y he hecho algunas tonterías por amor. Tonterías como perdonar desplantes o malas actitudes, mentiras o incluso traiciones. Pero siempre llega un momento en que todos debemos poder despertar de esa enajenación, como usted la llama, porque nuestro cerebro nos avisa de que hemos ido demasiado lejos. De que la situación en la que nos estamos metiendo es disparatada, humillante para nosotros e incluso peligrosa. A usted no se le acusa de cualquier cosa. Se lo voy a recordar: tiroteo en el restaurante Yuan, asesinato de una niña quemándola a lo bonzo, llenar la bañera de su madre de serpientes y matar a su gato metiéndolo en el microondas… por no hablar de la invitación a los menores de una escuela infantil a tomar alcohol, ni del atropello reiterado a aquella mujer tan mayor… afortunadamente, gracias a su ensañamiento en este horrible acto, logramos dar con usted. Tenía aterrorizado a todo su barrio.

»Ahora tengo que preparar mi veredicto y mi sentencia. Pero no tardaré mucho.

Sin soltarme las esposas, los guardias me sacaron de la sala. Recorrí con la mirada a las personas que habían acudido al juicio. Y me di cuenta de que ella no estaba allí. Me había dejado solo. ¿Dónde estaría?

Entonces recordé aquel billete que la había visto comprar por internet. Las Bahamas. Y me di cuenta de que ya no iba a volver a verla. Tragué saliva, no quería llorar mientras hacía el camino por los pasillos de los juzgados.

Los guardias me dejaron en mi celda, para que esperase. Me la imaginé una vez más. Con aquella mirada hipnótica, su risa melódica… me la imaginé tomando el sol en una playa de una isla perdida, donde nunca nadie podría encontrarla. Sobre todo yo.

Me vinieron a la mente las palabras del juez:

Pero siempre llega un momento en que todos debemos poder despertar de esa enajenación, como usted la llama, porque nuestro cerebro nos avisa de que hemos ido demasiado lejos. De que la situación en la que nos estamos metiendo es disparatada, humillante para nosotros e incluso peligrosa.

Me llevé las manos a la cabeza, siendo, por primera vez, consciente de lo que me esperaba. Me iba a pudrir en la cárcel mientras ella disfrutaba de una vida de ensueño, muy lejos de mí.

Y desperté.

—¿En qué demonios estaba pensando? —grité en el interior de la celda de aislamiento.

Pero nadie me oyó.

 

Encerrado en la celda de aislamiento

espero el veredicto del juez.

Sólo en el último momento

me di cuenta de que hice una estupidez.

Me engatusaste con tus encantos,

me fascinó tu tono de voz.

Te decía “Por tí viviría en Tres Cantos”,

por ti viví en Badajoz.

Hipnotizado por tu mirada

me convertí en un juguete de tu colección.

Al servicio de tu mente malvada

sembraba el pánico y la destrucción.

Dime por qué, yeyeyeye

tratas de convencerme de

cosas que no uouououo,

cosas que nunca he querido hacer.

Tú me induces al mal…

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Imagen: forokd.com

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