El inmortal

308989_XSXBDPLNTHOPLJISupe que no era como los demás cuando tan sólo tenía seis años. Me caí por un barranco. Mi familia me dio por muerta. Celebraron un funeral en nuestra cueva, con música ritual y pintándose los rostros. Cuando me vieron aparecer, ilesa, chillaron espantados. Para ellos ya no era más que una aparición. Pero yo no estaba muerta. De verdad que no. Hablo con la gente, me alimento, bebo vino y he amado a más hombres de los que nadie podría recordar. Al llegar a los treinta años dejé de cambiar y me mantuve igual hasta hoy. Mi pelo y mis uñas crecían, los cortaba cuando era necesario. Y eso era todo. Por alguna razón que no alcanzaba a comprender, yo era inmortal.

Pensaréis que es fácil. Creeréis que tal vez soy alguna de esas criaturas de vuestras historias de terror, como un vampiro, un licántropo o cualquier otra invención. Pero no. Hasta donde yo sé, no soy más que una mujer que se esfuerza por repetir su nombre para no olvidarlo. Pues he cambiado tanto a lo largo de mi larga vida que ya nada me parece un punto de apoyo, un referente ni un hogar al que volver.

Excepto él. No sé muy bien quién es, pero me lo encuentro de vez en cuando. La mayoría de las veces que sucede, es en momentos de ésos que escribís en vuestros textos sagrados o en vuestros libros de historia. La primera vez que lo vi estaba próximo el año cero y se acercaba al desierto. Era un hombre de aspecto muy interesante. No sé si guapo, pero sí atractivo. Vestía con prendas exquisitas y siempre con muy buen gusto. Desprendía un magnetismo muy poderoso que, a la vez, me resultaba amenazante. Lo mejor de él era su sonrisa, y cómo la prodigaba de forma encantadora, cómo brillaban sus dientes al hacerlo. Pero en sus ojos no había ilusión. Había más bien un deje de desencanto y fatalidad. No sé si él me vio. De ser así, no me prestó atención.

La siguiente vez que me fijé en él estaba junto a Pilatos. El procurador se lavó las manos con presteza tras mirarle a los ojos. Luego, él sonrió. Uf, aquella sonrisa… Me seducía y a la vez me daba miedo.

Y se sucedieron los encuentros, tanto como mis viajes por el mundo. En todas las guerras, en los ataques por sorpresa, en los complots: Bombay, Rusia, Francia… él era igual que yo. No cambiaba, no envejecía. ¿Podría él explicarme cuál era el origen de mi naturaleza?

Fue en Estados Unidos, tras el asesinato del presidente Kennedy, cuando por fin tuve la ocasión de dar con él. Estaba entre la multitud, al igual que yo y, cuando estalló la histeria posterior a los disparos, él esbozó aquella magnética sonrisa y se dio la vuelta, alejándose de la gente. Yo le seguí. Entró en un bar cercano. Quería hablar con él.

Cuando abrí la puerta del local, él me estaba mirando desde un alto taburete. Se estaba tomando una copa.

—Hola —saludó, y me dedicó aquella sonrisa.

Creo que me sonrojé.

—Debemos de ser los únicos que no se han quedado entre la multitud. ¿Qué ha pasado con…?

—¿Con Kennedy? —interrumpió—. Ha muerto.

Tragué saliva. Estaba ya demasiado acostumbrada a la muerte, pero no a que nadie hablase de ella con semejante satisfacción.

—¿Te divierte? —pregunté, dejando entrever mi indignación.

—Ten cuidado con el tono de tus palabras, querida. Sé cortés.

Su mirada me asustó. Ígnea. Incandescente.

—¿Por qué lo haces?

—¿Por qué hago el qué?

—Todas esas atrocidades. Tú estás metido en ellas. No existe otra explicación. Llevo viéndote desde el principio de los tiempos cada vez que sucede algo terrible. Y no entiendo por qué.

—Vaya. Una de mi prole.

—¿De tu prole?

—Y parece que ni siquiera te lo han dicho. ¿Cuántos años tienes?

—Sinceramente, ya he perdido la cuenta.

—Comprendo. Así que no sabes nada de tus orígenes. Claro, por eso te asusta tanto mi juego. No entiendes cuál es su naturaleza. Pero estoy seguro de que, aunque te atemorizase, en el fondo deseas saberlo.

»Por ejemplo, lo que acabas de ver ahí fuera. Era necesario. Y no voy a negar que también placentero. Podrás decir que ese presidente, o cualquier otra persona cerca de la cual me hayas visto, no era tan mala. Podrás culparme por manipular la situación, pero no olvides que todo policía es también un criminal y que todo pecador es un santo. Son todos más parecidos entre sí de lo que imaginas.

Sonrió. Me temblaban las piernas. Se puso en pie, me atrajo hacia él sosteniéndome por la cintura. Sentía miedo, sentía que estaba entrando en las fauces del lobo. Pero me atraía como el más poderoso imán. Me besó. Creí que iba a perder el sentido. Me inundó de vida y de pasión. De ganas de sentir. Habría jurado que lo veía pesar de tener los ojos cerrados, y que tenía unas alas enormes y negrísimas.

Se separó de mí. Yo abrí los ojos. Volvió a mirarme. Sonrió otra vez, con un nuevo matiz: un aire de suficiencia.

—Vaya, soy un grosero. No te he dicho mi nombre. Permíteme que me presente. Aunque creo que ya has adivinado quién soy.

Pleased to meet you
Hope you guessed my name, mm yeah
(Who who)
But what’s puzzling you
Is the nature of my game, mm mean it, get down
Tell me baby, what’s my name
Tell me honey, can ya guess my name
Tell me baby, what’s my name
I tell you one time, you’re to blame

What’s my name
Tell me, baby, what’s my name
Tell me, sweetie, what’s my name

Imagen: http://zangana.metroblog.com

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3 thoughts on “El inmortal

  1. Sympathy for the Devil, originalmente escrita e interpretada por The Rolling Stones.

    Es curioso, como Mick Jagger asegura que Baudelaire y “El maestro y Margarita” (la célebre novela) de Mijaíl Bulgákov lo llevaron a escribir una de las grandes canciones de todos los tiempos, según la revista Rolling Stone.

    Por lo tanto, la versión de Guns N’ Roses quién dio a conocer la canción a nivel comercial por formar parte de la banda sonora de la adaptación cinematográfica de Interview with the Vampire, siendo la primera de la serie The Vampire Chronicles de Anne Rice, hacen que la historia de tu relato muestre de manera macabra la inmortalidad como una especie de maldición y al mismo tiempo, una reflexión de la historia de la humanidad.

    Saludos Karuna ^^

  2. Cova:

    Cuando hago estos comentarios estilo “sabías que”, es porque me impresionan como ciertas curiosidades te dejan un sabor de conocimiento tan agradable como el viaje de excursión a un pueblo.

    Créeme que cuando leí tu relato y la historia de la creación de “Sympathy for the Devil” fue una aventura tan asombrosa y total que me dije a mí misma que las curiosidades rinden frutos cuando las compartes.

    Saludos Karuna ^^

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