Hasta la vista

mujer_fumandoEl café estaba horrible. Si hubiera estado en mi casa, lo habría endulzado con algo mejor que aquel azúcar industrial que apenas se distinguía del torrefacto. Puaj. Pero, de todas formas, hacía tiempo que había dejado de gustarme el café. Y tantas cosas. Mientras miraba hacia atrás no podía dejar de pensar en el paso del tiempo y en lo que ello supone en las personas.

Dejé el vasito de plástico sobre una de las sillas de la sala de espera, incapaz de tomármelo, y pensé que era mejor lavarme la cara con agua muy fría en el baño. Lo cierto es tampoco me hizo especial bien, por el contrario, me encontré con mi reflejo en el viejo espejo y me di cuenta de que estaba ojerosa. Fue curioso, porque me imaginé a mí misma, de pequeña, con mis ricitos rubios y pensé en que ni siquiera habría llegado a verme en el espejo. En que ahora era diferente. Me pregunté si yo misma me habría reconocido si hubiera visto una foto mía de pequeña. Lo cierto es que, según te haces mayor, el tiempo cada vez pasa más deprisa. Las decisiones se tienen que tomar más rápido y a veces desearías ni siquiera tener que ser responsable de nada, sino dejar pasar la vida, o algún tren, de vez en cuando. O que alguien tomase ese tipo de decisiones por ti.

Fuera, esperaba mi prima. Como siempre, con el mp3 en la mano y los cascos con alguna canción interesante. Me senté entre ella y el vaso del café que había desechado, y suspiré. Ella me miró sin mudar su expresión y me ofreció uno de sus auriculares, que acepté con un nuevo resoplido.

—¿Qué tienes?

Ella me alargó el reproductor de música para que pudiera ver la lista de artistas.

—¿Puedes poner a los Rolling?

Ella obedeció, con amabilidad.

—Viene bien, ¿verdad? Para asimilar las cosas.

Asentí muy lentamente. Ella me cogió del brazo y me sacó de la sala de espera del hospital, mientras en mi oreja izquierda y la suya derecha no dejaba de sonar rock ‘n roll. Me llevó afuera. A pesar de ser primavera, hacía frío. Pero era de esperar. Eran las cinco y media de la mañana y últimamente refrescaba mucho por la noche.

—¿Un cigarrillo? —me extrañé mientras ella me acercaba la caja con decisión.

—Tú sólo fumas en ocasiones especiales. Pues ésta es muy especial. Es el fin de una era. Y habrá que amortiguarlo de alguna forma.

Dicho esto, se sentó en las escaleras de la entrada del hospital arrastrándome a mí por el cable de los auriculares, para que hiciera lo mismo. Y allí pasamos un buen rato, fumando, sin hablar, escuchando la música casi sin pensar en ella y mirándonos los zapatos. Empezaba a amanecer cuando agotamos todas las canciones de los Rolling.

—No puede quedar mucho —dije.

—Ya sabes cómo es la morfina. Cuestión de horas.

—Quiero verle. Hay que despedirse.

—Como quieras. Yo lo hice antes, creo que no tengo fuerzas para volver a pasar. Fumaré un poco más.

—De acuerdo.

Me levanté mientras mi móvil empezaba a vibrar. No debían de ser aún ni las siete y media de la mañana y ya estaban acribillándome a mensajes. La vida de desenfreno, de demasiado trabajo. Todos entendían que tuviera que tomarme este descanso, era un asunto familiar, pero todos me esperaban. En demasiados sitios. Cuando trataba de organizar mi tiempo y mi vida siempre me sentía como en un laberinto. Aunque siempre prefería esto a una vida monótona o mediocre.

Crucé la sala de espera y me acerqué a coger el vasito de plástico de antes. Tal vez me viniera bien tener cualquier cosa que estrujar en la mano al entrar allí. Empujé la puerta, respirando profundamente, sin creerme que aquello estuviera pasando, sin creerme que todo estuviera a punto de acabar. El fin de una era.

Allí estaba. Algunos de sus hijos junto a él. También el muchacho que le había cuidado durante los últimos años. Todos hablando en voz baja, respetuosos ante el sueño del enfermo. Él era el que más ruido hacía, o eso me lo pareció a mí al sentir su respiración, al percibir cómo sus frágiles pulmones seguían moviéndose acompasadamente, aferrándose a una vida que ya duraba casi 102 años.

Otra persona habría visto a un debilísimo anciano en esa cama. Yo veía a alguien que para mí era casi como un monumento. Como la Puerta de Alcalá. Siempre esperabas verla al llegar adonde estaba, y se te haría raro si un día no estuviera allí. Así era él. Fuerte, imposible de doblegar, intransigente por seguro, pero a la vez enérgico y creativo. Puedo decir con cierta arrogancia que fui la única con la que jugó a juegos de niños —que ni con sus hijos jugó—, y que me había cuidado cuando había estado enferma. Al fin y al cabo, el roce hace el cariño, y habían sido muchos años. Y muchas cosas compartidas. Algunas de ellas las veo en mí y pienso que son su legado.

Me acerqué con calma hasta él. Tenía que despedirme, pero no quería creérmelo. Sí, es cierto que estas cosas no son lo mismo con personas tan mayores, pero eso no hace que sean fáciles. Habían sido muchos años. Todavía esperaba en algún momento oírle soltar unos sus estruendosos estornudos o algún grito de enfado acorde a su a veces intratable carácter.

Pero no oí nada más que aquella convulsa respiración. Me incliné hacia él y besé su frente, le cogí de la mano. Tenía que decir algo, que te vaya bien, se acabó, ¡hasta la vista!, pero me daba miedo que lo oyese. Así que sólo lo chillé para mí, desde el fondo de mis entrañas.

Respiré hondo y salí de la habitación, intentando no sentir, sólo pensar. Pensar en aquel legado. En lo que veía en mí y que era también parte de él.

Si algo había compartido y heredado de mi abuelo, eso era, sin duda, mi pasión por escribir. Y eso es algo que deja una huella mayor que cualquier monumento, que cualquier arco grandioso. Ninguna Puerta de Alcalá le hace sombra.

 

Hasta la vista, amigo, adiós,

que todo nos vaya bien,

parece que se acabó.

Hasta la vista rock & roll.

Me tengo que acostumbrar

a cantar sin oír tu voz.

Ezequiel Jaquete. 1908-2010. In memoriam.

Abuelojpg

Imagen: rengloneszurdos.com

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One thought on “Hasta la vista

  1. La memoria es tan sabia que al cultivar nuestro talento, como la pluma; nos permite recrear esos sentimientos que alguna vez nos tocó el corazón.

    Me conmovió, mucho tu historia; al igual como la canción.

    Saludos Karuna ^^

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