Desde el otro lado

0912-broken-coffee-mugA veces desearía tener más sueño por la mañana, levantarme como si fuera una autómata y poder ir al trabajo sin darme cuenta del desastre en que mi vida se está convirtiendo. Pero soy de esa clase de personas que se levanta de un salto en cuanto sale el primer rayo de sol, cargada de energía, y por la noche antes de que den las once caigo dormida como un bebé… esta mañana no ha sido diferente, salvo por el sueño que estaba teniendo cuando el despertador ha sonado, sacándome de mi falsa felicidad con sus estridentes pitidos. He sentido ganas de llorar al darme cuenta de que una vez más era la única que estaba en la cama, y el frío se ha colado por las sábanas haciéndome tiritar. Todo lo que quería era volver al sueño en el que sentía su abrazo, pero me ha sido imposible.

Así que me he tragado las lágrimas, una vez más. Me he vestido, he hecho la cama, la casa entera estaba reluciente y el café servido en la mesa cuando él ha entrado por la puerta.

¿Qué te ha pasado, mi amor, qué ha sido de tu juvenil aspecto? Ahora no encuentro en tus ojos la alegría que me enamoró, sólo veo a un hombre desesperado y agotado, que llega con la ropa oliendo a colillas y los ojos enrojecidos por el humo del tabaco. Y ya no me miras como antes. ¿Es sólo que estás cansado o es que ya no me quieres?

—¡Buenos días! –he dicho con toda la vitalidad que he podido.

Pero ni siquiera has respondido.

¿Qué hacer? Me he acercado a ti y he rozado tu oreja con mis labios dulcemente. Ha sido casi peor.

—¿Quieres dejarme en paz?

Hace unos meses no habría imaginado que tu voz pudiera desprender tanta violencia. Has dado tal puñetazo a la mesa que tu taza se ha caído al suelo, se ha roto, el café se ha derramado y se ha esparcido por las baldosas

—Eres una egoísta, ¡sabes que estoy cansado pero no dejas de molestarme! Me voy a dormir, ya no quiero tomar nada.

Con el portazo que has dado al encerrarte en el dormitorio he roto a llorar sin remedio.

Hoy hasta en el trabajo lo han notado. Miguel, el encargado, es el único que sabe que no paso por un buen momento. No he sido capaz de atender bien a la mitad de los clientes, y cuando un hombre indignado ha acudido a él para quejarse, me he echado a llorar. Afortunadamente, ya estaban cerrando y Miguel me ha llevado a casa en coche.

—No creo que debas estar sola ahora. ¿Quieres hablar?

El café se había convertido en una mancha pringosa en las baldosas de la cocina de una casa vacía. He preferido desviar la mirada y sugerir, por una vez, pedir la cena por teléfono.

—Oye, parece que se te ha caído el café. —la expresión de Miguel cuando me ha visto volver a llorar ante tan inocente comentario no ha hecho sino que mi llanto arrecie.

He llorado tanto desde ese momento que me duele la cabeza, pero por fin he podido contarle a alguien qué era lo que realmente me pasa. Y es cierto lo que dicen, es la única forma de ver la situación con menos pesimismo. Hemos hablado horas y horas, he comprendido mi parte de culpa y la de él. Me he dado cuenta de que la situación debe cambiar, que debo buscar otra solución para ayudarnos a ambos. Creo que nunca podré agradecerle a Miguel todo el bien que me ha hecho esta noche de conversación.

Cuando han dado las cinco menos diez le he acompañado al portal para abrirle, pues por la noche siempre cierran con llave.

“Gracias”, he murmurado mientras me ha abrazado con cariño. Creo que nunca me había sentido tan reconfortada. Miguel ha sonreído, me ha mirado a los ojos… y me ha besado. Y, por primera vez en meses, he vuelto a sentirme querida. He vuelto a sentir calor.

—¿Se puede saber qué está pasando aquí?

Una enfurecida voz a mis espaldas. Me ha dado más miedo reconocer el timbre que el tono.

La mirada enrojecida y enfurecida de Mario me ha hecho sentir vergüenza y pánico.

—¿Quién coño eres tú y qué haces con mi mujer?

—Mario…

Y se ha abalanzado sobre Miguel. Yo no podía dejar de temblar, pero a la vez me he sentido inmovilizada, sólo he podido gritar, rogándoles que dejasen de pelearse. Pero Miguel se está defendiendo, nada más. Mario ha caído cuando ha recibido un golpe en el pecho… luego se ha dado con la frente en el bordillo… y ha dejado de moverse.

Miguel sangra por la nariz y apenas puede abrir el ojo izquierdo. Se acerca al cuerpo de Mario y trata de buscarle el pulso en el cuello. Me mira espantado y habla con voz temblorosa:

—¿Y ahora qué hacemos?

Sobre Mario de bruces tres cruces:
una en la frente, la que mas dolió
otra en el pecho, la que le mató
y otra miente en el noticiero:
Dos drogadictos en plena ansiedad
roban y matan a Mario Postigo
mientras su esposa es testigo
desde el portal.
En vez de cruz de navajas por una mujer
brillos mortales despuntan al alba
sangres que tiñen de malva el amanecer.

Éste fue mi primer relato con canción, espero que os guste. Y ya sabéis que en la columna de la derecha podéis suscribiros para leer más hisotrias cantadas.

Imagen:yassminelnazer.files.wordpress.com

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2 thoughts on “Desde el otro lado

  1. Cuando era niña nunca entendí la historia de esta casual y romántica canción que me encanta de Mecano, sin embargo, un día, mi hermana mayor me dijo que trataba sobre un duelo a muerte de dos hombres por una mujer.

    Me gustó el realismo que hay detrás de esta historia y ese final siniestro.

    Saludos Karuna ^^

  2. Hola Karuna, gracias por tus comentarios. De hecho, la canción “Cruz de navajas” está basada en la historia real de una mujer y su amante que mataron al marido de ésta y dijeron que había sido asesinado en un atraco por unos yonkis. Pero les pillaron y creo que les condenaron por ello. Por eso, la tercera cruz “miente en el noticiero”.

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