Imperfecta

Perfect2La habitación está ya vacía. Cualquier día vendrá otro compañero de piso, sus amigos seguirán su vida y posiblemente se vean de vez en cuando, aunque sea para tomar una cerveza. Ya no será lo mismo, porque ella ya no vivirá en esta casa. No es que no quiera, es que se le ha acabado el dinero. Diciembre era el último mes que podía pagar, así que la noche de fin de año se ha convertido en noche de mudanza. Está hecha una mierda, pero encima siente que debe sentirse agradecida, porque tiene una familia con una habitación que vaciarán, aunque esté llena de cosas, para que ella vuelva.

Hoy, ella renuncia a su independencia. Se rinde y se siente muy pequeñita por ello.

Ha sido un año terriblemente duro, como el broche de alambre de espino a una racha que ya dura demasiado tiempo. Es duro ser una persona que se esfuerza pero a la vez se echa sobre los hombros el peso de todo y de todos. Y es duro ver cómo en este último año las pocas cosas que le quedaban para aferrarse se han ido disolviendo. La han roto en mil pedazos, incluso la han vuelto a romper cuando aún tenía que recoger todos esos trocitos de su alma. Algunos se han convertido tan sólo en un polvo brillante que ya no puede pegar ni recomponer. Simplemente, ya no existirán. Un soplido, la escoba, el recogedor, y a la basura. Ya no se puede hacer nada más que dejar expuesto el huequecito que ocupaban.

Las crisis económicas llegan y, si tenemos suerte, en algún momento de nuestras vidas se irán. Pero también es posible que lleguen otras. Y estos problemas que nos afectan a todos no significan que vayamos a estar protegidos de otro tipo de momentos duros: la familia, el amor, la amistad, la vocación, la salud… muchas veces, estos momentos económicos llevan consigo otros más duros. Decepciones y sorpresas. Giros inesperados. Aprenderás quién te respalda realmente, aprenderás a convertirte en una persona cínica que está pasada de vueltas de demasiadas cosas sin haber cumplido siquiera los treinta años.

Se sienta en el suelo. El eco de las paredes vacías le devuelve su suspiro aumentado. Está en uno de esos momentos en que hasta romper a llorar le cuesta. Le gustaría hacerlo, pues se le cae el alma a los pies al ver las cajas preparadas y la falta de muebles. Se le cae el alma, como se le ha caído la vida que tanto ha luchado por levantar. La vida de la que se sentía orgullosa: por haber trabajado, por haber logrado ser independiente y responsable de su propia existencia. Algo parecido a ser dueña de su destino.

Y si se siente así no es sólo por eso, sino porque, en el fondo, piensa que es culpa suya. Lo ha intentado con todas sus fuerzas y sigue pensando que seguro que se le ha escapado la manera de solucionarlo todo. Que tal vez el problema ha sido algo que hizo mal. Se le ocurren algunos ejemplos, gente con la que ha trabajado y que le hicieron perder dinero o nisiquiera le pagaron lo que le debían, o tal vez debería haber agachado las orejas y haberse puesto a trabajar en cualquier cosa y dejar de perseguir sus sueños o simplemente el anhelo de dedicarse a algo más o menos interesante. Se siente imbécil, porque tiene claro que a no todo el mundo le ha ido mal. Así que algo mejor que ella deben de haber hecho. No puede ser sólo cuestión de suerte. O tal vez es eso, que algo parecido a un mal de ojo la está persiguiendo. Tal vez es únicamente ella misma quien se persigue: le encanta la autodestrucción, culparse por todo lo malo que sucede a su alrededor. Tal vez sólo sea porque así siente que en algún momento tuvo el control de las cosas, porque no puede resignarse a que todo haya ido mal porque sí.

Tristemente, se dice, mientras se abraza las rodillas con las manos, ésta es la realidad de muchas personas en este momento, y lo ha sido en otros mucho antes. Personas que se esfuerzan, que luchan, pero aun así, les salen mal las cosas. Cuando una persona es despedida o es rechazada, lo primero que piensa es que no es lo bastante buena. Y es esa durísima sensación de incomprensión, esa sensación de maltrato y de estar quedándose fuera lo que destruye las fuerzas y la ilusión que tienen por seguir adelante. Lo que les hace sentirse como auténtica basura, sentir que ya no sirven. No importa toda la dedicación, toda la preparación, los años de experiencia. Todos los esfuerzos por ser el mejor han caído en saco roto. Y no han servido para nada.

Aún así, la muchacha se levanta. Porque no le queda otra. Porque, si no lo hace, entonces sí que lo poco que queda de ella se pulverizará. Porque tiene que seguir creyendo en sí misma y en que en algún momento cambiará su suerte. En que se merece que vuelva a irle bien y en posiblemente algún día sea así. En que no puede rendirse, al menos, sólo puede hacerlo durante un rato. Luego, volverá a sacar el orgullo y la rabia contra todos y todo lo que hizo que en algún momento se sintiera tan mal. No hay otra opción. Feliz 2014.

Suena el telefonillo. Vienen a ayudarla a llevárselo todo. Ella mira las limpias paredes de la habitación y rebusca en su bolso, de donde saca un rotulador, rojo y gordo, de ésos que se usan para las pizarras.

Se para frente a la pared más grande, limpia y lisa. Respira hondo, cierra los ojos y piensa en todas las personas que lo están pasando tan mal. Piensa en los disgustos y en las grandes desgracias. Piensa en el coraje de todos ellos y en cómo también deben de sentir que se les acaban las fuerzas.

Alguien, desde abajo, vuelve a llamar al telefonillo, esta vez con más insistencia. Por fin se le escapa una lágrima del ojo izquierdo, mientras empieza a escribir en letras grandes su mensaje de despedida:

DON’T YOU EVER FEEL

THAT YOU’RE NOTHING LESS THAN FUCKING PERFECT

(Nunca sientas que eres nada menos que jodidamente perfecto)

Éste es el último post del año y quería dedicarlo a todas las personas que lo están pasando tan mal y que a veces se sienten una mierda por ello. Si no sois vosotros, seguro que conocéis a alguien que está así. Sinceramente, creo que éstas son las mejores y más perfectas personas que tenemos en nuestra sociedad, porque se siguen levantando a pesar de todos los palos que reciben y de que sientan que se les acaban las fuerzas. Porque se lo merecen más que nadie, espero que consigan salir adelante en este nuevo año. Feliz 2014.

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