Cuando anochece

Cuandoanochece

 

Todos le llamaban Pitt, aunque su verdadero nombre era Pedro. De Pedro a Peter, de Peter a Pitt, no sabía muy bien cómo. Era demasiado pequeño para aquel mote, se decía, aunque, en realidad, acababa de cumplir los doce años.

Ya era mayor, o quería serlo. Le había dicho a su madre que sus amigos se habían burlado de él porque seguía yendo a buscarle al colegio. Aquel era el primer día que regresaba solo.

El fin de semana anterior habían cambiado la hora y Pitt había podido dormir una hora más. Estuvo contento, hasta que se dio cuenta de que se hacía de noche una hora antes. Pero por fin volvería solo a casa. Un paseo de una media hora, entre unas cosas y otras no llegaría a casa antes de las seis. Así que, orgulloso de haber ganado aquella pequeña concesión de libertad e independencia, se despidió de sus amigos y caminó por la acera que flanqueaba el parque. Si lo cruzaba, estaría en casa un poco antes. Mejor, porque estaba bastante nublado y lo mismo se ponía a llover. Pitt iba a sonreír, orgulloso, cuando se dio cuenta de que las farolas del parque aún no se habían encendido. Pero el sol sí que se estaba apagando. Estaba oscuro y no veía bien a su alrededor. Se agarró muy fuerte a las asas de la mochila y respiró hondo. Se sentía ligeramente ansioso, extraño. No pasaba nada, era el parque de todos los días, se dijo. Pero ese día no había mucha luz. Podía haber un ladrón sentado en un banco, y él no lo distinguiría bien. Sacudió la cabeza, pensando que no era para tanto. Pero entonces oyó un crujido, ¿o tal vez era un paso?

Pitt se dio la vuelta. No había nadie.

Aquello lo tranquilizó, pero sólo durante un segundo. Se giró de nuevo y siguió su camino por el centro del parque. Le pareció oír de nuevo el mismo crujido, pero no se atrevió a mirar. Pensó que, seguramente, había alguien allí, pero no se había fijado bien antes. Mejor no volverse de nuevo. Pitt apretó el paso, se movía cada vez más deprisa, casi corriendo, y no respiró tranquilo hasta haber cruzado el parque por completo, hasta haber llegado a su casa.

 

Su madre sonrió al verlo llegar y le dio un beso, pero Pitt estaba preocupado. No sabía si alguien lo había seguido, ¿Y si estaba abajo, esperándolo? ¿Y si no era algo normal, y si era un fantasma o algo así? El domingo por la tarde había estado en casa de un amigo y todos habían decidido que era muy divertido ver películas de miedo, pero él se había quedado preocupado. Muertos vivientes, demonios que poseían a la gente, asesinos que volvían desde el más allá para vengarse o monstruos que secuestraban niños. Demasiadas cosas. Pero, cuando se fue a dormir, no se atrevió a pedirle a su madre que dejase la luz encendida.

 

Estaba de nuevo en el parque. Se giró, no vio a nadie. Pero los ruidos empezaron de nuevo. Con pavor, se volvió y vio que había alguien ahí. Le recordó al Slenderman, ese hombre alargado y sin cara del que hablaban sus amigos cuando contaban historias de miedo. Se movía lentamente, dando largas y vaporosas zancadas hacia él. Cuando se giraba para mirarlo, detenía su avance. Al darle la espalda, volvía a caminar hacia él. Sus zancadas eran tan amplias que pronto lo alcanzaría. Pitt echó a correr, pero no podía alejarse tan rápido como quería. No tardaría en darle caza.

Despertó con el corazón en la boca. No veía nada. Había sido una pesadilla, seguro, pero tan real… jadeando, aterrorizado, pasó la mano por la pared, una y otra vez, hasta dar con el interruptor y encender la luz. No había pasado nada. Sólo un sueño. Le daba vergüenza, no se atrevió a ir al cuarto de sus padres, a despertarlos y contarles lo sucedido. Se levantó, encendió todas las lámparas del pasillo hasta la cocina y se puso un vaso de leche caliente. Cuando se hubo calmado un poco, se metió en la cama. Apagó la luz. Miró a la esquina de su habitación donde estaba el armario. Parecía que algo se moviese allí. A veces, cuando no vemos bien, nos parece que las sombras se mueven. Posiblemente sólo se debía a que estaba oscuro. Pero, ¿y si era otra cosa? Pitt se giró, obligándose a no mirar a aquel rincón y se mantuvo inmóvil durante dos horas, hasta que se quedó dormido.

 

—Pero hijo, ¿cómo has esperado toda la semana a decírmelo?

—Ya te lo he dicho, me daba vergüenza que mis amigos lo supieran. Bueno, y también después de haberte dicho que no quería que me recogieses.

—Bueno, pues no te preocupes, es normal. Pero mira, tú piensa una cosa: este parque no es muy grande y aunque a veces no veas bien, puedes fijarte en todo lo que hay antes de cruzarlo. Y justo al otro lado de la acera hay una terraza donde siempre hay gente. Si sucediera cualquier cosa, aunque no va a pasar, podrías chillar.

Pitt miró a su alrededor. Era cierto. Se podía fijar bien en todo según se aproximaba al parque y lo mismo le pasaba cuando caminaba por cualquier calle, todo era cuestión de fijarse. Vivían en un barrio seguro y él no salía de casa solo muy tarde. Luego miró a su madre.

—Muchas gracias.

—De nada.

—¿A ti nunca te ha pasado?

—¡Pues claro que sí! He tenido miedo a las calles oscuras, a los fantasmas, me iba corriendo a la cama de mis padres cuando soñaba que me perseguía un monstruo. Es normal. Aunque creo que deberías de dejar de ver esas pelis de miedo con tus amigos. Pero, incluso si sigues viéndolas, cuando vayas por la calle piensa que la razón por la que te asustas es porque vas solo. Por eso empiezas a pensar en esas cosas.

—Solo…

Pitt sintió un golpe de pavor más fuerte aún que el relacionado con todos sus monstruos y sus fantasmas. Más fuerte que el del Slenderman acechándolo. Se le pasó enseguida, pues fue sólo un miedo premonitorio. Cuando fuera mayor, su mayor miedo y su mayor certeza serían, precisamente, esa realidad de separación. El dolor de caminar solo por una oscura carretera. El dolor de caminar solo por su propia existencia.

 

 

When I’m walking a dark road

I am a man who walks alone

Aquí la letra en español.

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One thought on “Cuando anochece

  1. Cuando somos niños siempre cruzamos la fantasía de lo que vemos en televisión y la realidad que estamos afrontando.

    Por desgracia, esos pequeños miedos son el primer paso de otros retos que vendrán en camino cuando uno crece.

    Bonito tributo a esta maravillosa canción de Iron Maiden.

    Saludos Karuna ^^

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