El mejor

besoanime—¿Otra cerveza?—me dice mi mejor amiga mientras se apoya en la barra de madera y me mira de una forma un tanto extraña.

—Vale. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

—¿Te importa que venga tu ex?

—¿Cuál?

Mi amiga rompe en carcajadas, tan altas que se oyen por encima del animado rock que retumba en las paredes rústicas del irish pub donde nos encontramos. Yo sonrío. La verdad es que lo he dicho sin pensarlo. Pero creo que es una buena señal. Significa que me da bastante igual.

—Me ha escrito Raquel. Dice que dónde estamos y que si se puede venir. Pero que está con más gente. Entre otros…

—Sí, no te preocupes. Es normal.

Después de todo, se supone que la gente normal conoce a sus parejas a través de amigos en común. Pero, cuando la historia se acaba, es normal que se pueda dar la posibilidad de coincidir y que resulte incómodo.

—Por mí que vengan —añado—. No pasa nada.

Mi amiga sonríe y se inclina sobre su smartphone, tecleando realmente rápido sobre la pantalla.

Antes de que nos terminemos la pinta, llega el grupo. Lo cierto es que es raro saludar tan fríamente, con dos besos lanzados al aire y desviados por el choque de las mejillas, a una persona con la que has tenido tanta intimidad. Sigue pareciéndome que está muy bueno. Pero no tengo ganas de hablar, ni tampoco se me ocurre qué decir. Así que me dirijo a Raquel y la acompaño a la barra, a pedir una cerveza, mientras no me separo de la mía.

Es él quien se aproxima a hablar conmigo. Parece que quiere que nos llevemos bien. Pero a mí me sigue resultando raro. Tampoco es que llegue a ser violento, pero simplemente no puedo apartar de mi mente la idea de que es mi ex. De que primero fue todo y luego nada. Así no fluyen las conversaciones, por lo que me limito a ser educada y contestar, sonreír un par de veces y luego volver a hablar con mis amigas.

Pero él vuelve, otra vez, a preguntarme qué tal estoy. Luego otra vez. Me pregunta por el trabajo. Mejor no preguntes. Me pregunta por mis planes de verano. Los mismos de siempre. Estoy bien. Como siempre. No hay grandes novedades. No hay grandes ganas de contarle mi vida a un desaparecido. Todo o nada. Pero el chico no está nada mal. Eso se lo tengo que conceder. Sigue igual de guapo.

—Te está buscando —me dice al oído mi mejor amiga cuando me vuelvo a inclinar sobre la barra para pedir un vaso de agua—. Es muy cantoso.

—¿Ah, sí?

—Pues sí —se ríe nerviosamente—. Si lo vieras desde fuera, es bastante evidente. Viene a hablar contigo, tú respondes muy rápido y te vas a hablar con otra persona. Él se te queda mirando. Y, al rato, vuelve.

—Qué pereza. Por Dios… —resoplo, mientras pienso seriamente en cambiar el agua por algo más fuerte.

Mi amiga se vuelve a reír. Pero se para en seco, cuando se gira para mirar a alguien. Es él. Espero que no lo haya oído. Al menos, yo estaba refunfuñando hacia el interior de la barra. Ya sería mala suerte.

Mi amiga intercambia una mirada con él antes de marcharse. Yo tengo que esperar a que la camarera me traiga el agua. Mierda. Ya me ha acorralado. Me toca la espalda con la mano, como si tuviera miedo de que me fuera a escapar. Ganas no me faltan.

—¿Vas a seguir escurriéndote? ¿Es que no quieres hablar conmigo?

Me giro, con la sensación de que se me ha acelerado el pulso. Es la entrada perfecta para comenzar una discusión. Pero, justo en ese momento, la camarera planta el vaso de un fuerte y sonoro golpe. Bebo toda de un trago.

—Tranquilo. Sólo era agua.

—¿Te importaría dar una vuelta conmigo?

Venga ya.

—Sólo será un rato. Quiero hablar contigo.

Resoplo. Me esfuerzo por permanecer inexpresiva, a pesar de esa mirada. Tan intensa. Brillante.

A regañadientes, sin siquiera responder, cojo mi cazadora y salgo del bar. Él viene detrás. Todos nuestros amigos nos miran de reojo mientras abandonamos el irish pub.

—¿Adónde quieres ir?

—No sé… a dar un paseo.

Las conversaciones de esa noche se me habían hecho únicamente raras. Pero este silencio sí que se me hace incómodo. No hace mucho frío, la gente bebe y fuma en la calle, se divierten. Él me abraza los hombros. Al ver que no opongo resistencia, me oprime ligeramente. ¿Qué demonios estoy haciendo? Mejor no mirarle. Volveré a pensar en que sigue estando igual de bueno.

Por fin, se detiene. Se gira hacia mí. Me vuelve a mirar de esa forma tan intensa. Tarda en arrancar a hablar, lo intenta hasta tres veces, y luego las palabras le salen a borbotones. Vomita sentimientos. Vomita explicaciones. Vomita súplicas. Vomita arrepentimiento.

Mientras tanto, lo miro de arriba abajo. Sonrío. Tanto que casi se me cierran los ojos. Él calla y me mira.

—Y bien…, ¿qué me dices?

Me paso la lengua por los labios. Le cojo con dulzura de la mano. Y él sonríe. Observo claramente cómo su pecho se hincha, se crece, parece el doble de alto, mientras se acerca, decidido, a besarme.

Pero yo me giro.

—Ni de coña.

Y me separo.

Él abre los ojos de par en par. Crisis de rechazo. La ira y la incomprensión inundan su mirada. Vuelve a hacerse pequeñito. Primero todo y luego nada.

—¿Qué pasa, me estabas vacilando? Me parece de muy mal gusto, la verdad.

Vuelvo a sonreír. De hecho, incluso me río suavemente, a la vez que me guardo las manos en los bolsillos y adopto una pose de suficiencia.

—A que jode.

Baby, I learned the way to break a heart
I learned from the best.
I learned from you.

Aquí tienes la letra traducida.

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3 thoughts on “El mejor

  1. Brutal…
    El juego del amor al que tantas veces perdemos como tantas otras ganamos… incomprensión, momentos inadecuados… cuanta mierda hay que dejar atrás para encontrar algo un poco honesto, lo bastante limpio.
    Me ha encantado…
    Un abrazo

  2. Como enfrentar a tu ex, es un reto. Una cosa es amar y otra es pasar una oportunidad donde puedes repetir la misma historia que pasaste con esa persona o algo peor que tu experiencia anterior.

    No hay que tener tacto para confrontar este tipo de situaciones.

    Saludos Karuna ^^

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