Algunas lecciones que aprender de la crisis (especial para jóvenes).

chica bajo la lluvia (1)El aire en Barcelona es húmedo, pero más frío de lo esperado para un mes de mayo. Las dos chicas llevan cazadoras y dudan que puedan permanecer mucho tiempo en la terraza en la que se han sentado a tomarse una cerveza. Pero llevaban demasiado tiempo sin verse y les importa poco el frío o la lluvia. Sonríen y brindan por haberse reencontrado.

-Pero sólo una, claro. En estos tiempos, sentarse y tomarse una cañita ya es todo un lujo.

-Pues sí, pero por lo menos aún podemos tomarnos una. Hay gente que está mucho peor. Por cierto, ¿cómo van tus ataques de ansiedad?

-Ahí van. Hay días mejores y días peores, de vez en cuando tengo que tomarme un Trankimazín. La verdad es que, por lo menos, ya detecto el momento de hacerlo. ¿Y tú?

-Pues mira, la verdad es que bastante mejor. Es decir, si te tengo que contar mi situación laboral, económica o sentimental, posiblemente el panorama no suene de lo mejor, pero yo me siento muy tranquila conmigo misma. Y creo que, gracias a eso, estoy mejor.

-Vaya, a mí me parece muy difícil estar tranquilo cuando las cosas te van mal. No dejo de pensar en que no encuentro trabajo, en cuándo mejorará la situación, en que no quiero seguir pidiendo ayuda y aceptando trabajos en los que me explotan. No sé, es como no ver la luz al final del túnel.

-Sí, te entiendo perfectamente, pero cuando pienso así, ahora me doy cuenta de que es cuando está todo más oscuro cuando resulta más fácil ver la poquita luz que hay. Y he dado un giro de 180 grados a cómo pensaba. La verdad es que estaba un poco harta de oír eso de que “hay que aprender a gestionar las emociones”, suena muy bien, ¿pero cómo vas a gestionar tanta decepción a la vez, si intentes lo que intentes vas viendo que no va a servir de nada? Pues mira por dónde, sí se puede. Creo que he perdido 6 kilos en dos meses porque no tenía ni hambre, pero aquí estoy, no me he muerto y ¡sorpresa! He visto que esto tampoco me ha vencido, he conseguido volver a levantarme.

-Ya, pero no es plato de buen gusto estar así.

-Por supuesto que no, pero es importante aceptar que en la vida tendremos siempre malos momentos. Pueden ser crisis económicas, de vocación, sentimentales, familiares, de salud, en fin, mil cosas, pero luchar contra la marea, pensando que estamos en igualdad de condiciones, es absurdo. Las cosas ya han pasado y, hasta que no aceptemos que han sucedido, no podremos decidir cómo responder, cómo seguir adelante. Con nuestra forma de ser, pasa lo mismo: cuando las cosas nos van mal, tendemos a pensar que es culpa nuestra, que podríamos haber hecho algo para controlar la situación y que hubiera salido bien. A veces, esto es cierto, o al menos en parte, pero tenemos que ser lo suficientemente humildes para aceptar que no depende todo de nosotros y que a veces, simplemente, suceden cosas malas, o que nuestra estrategia no ha funcionado. No porque seamos buenos o malos en esto. Simplemente ha sucedido. Y sólo si aceptamos esto podemos centrarnos en lo que realmente va a seguir, que es tu vida contigo mismo. Y empezar a cuidarnos y respaldar nuestras decisiones, aunque salgan mal. Después de todo, la vida sigue. ¿O habías pensado que, cuando termine esta crisis, si es que termina, ya nunca más ibas a tener problemas?

-Uff, calla, que sólo de pensarlo, me agobio.

-Claro, pero no intentes controlarlo. Si te agobia, deja que te agobie un rato. Luego se te pasará y sacarás tus conclusiones. Cuanto antes aceptes la emoción, antes pasará. Y así le quitas papeletas a la ansiedad para volver a salir. Engañarte y hacerte creer que no te sientes así no hará sino que se prolongue o que salga en el peor momento y en forma de enfermedad nerviosa. Una vez que veas que se pasa, de hecho, te darás cuenta de que una sensación negativa es molesta, la sientes en el cuerpo y te hace daño, pero luego se va mitigando, extinguiendo. Y la próxima vez que te venga, sabrás que es así. Mejor respirarlo cuanto antes y que se largue cuanto antes también, ¿no?

-Pues sí, visto así, tiene su lógica. Pero no creo que pueda quedarme sentada esperando a que todo acabe, que llegue otra oportunidad o poniéndoles velas a los santos.

-No, yo no he dicho eso. Sino que hay que partir de que la lucha es dura y lo seguirá siendo. Pero cuanto antes lo asumamos, antes dejaremos de culpabilizarnos si nos explotan en un trabajo o si no encontramos uno, como si no sirviésemos o algo. Hay que asumir que el panorama es malo, que no todas las cartas las tenemos nosotras y que puede que a veces las cosas buenas sucedan por un golpe de suerte o por machacar y machacar y llamar a mil puertas. Y también que podemos tener mala suerte. Pero tendremos la tranquilidad de que la parte que podíamos hacer la hemos hecho. En ésa es en la que tenemos que quedarnos para poder tener un poco de tranquilidad y dormir bien. Nosotras tenemos una suerte aún en esta historia: no tenemos hijos, tenemos padres que nos respaldan.

-Ya, pero a mí no me gusta tener que pedirles ayuda, llevan toda la vida haciendo cosas por mí.

-Pues a mí me sucede igual. Me parece injustísimo haber perdido mi independencia y tener que pedir ayuda. Pero, ¿sabes qué? Para eso está la familia, para apoyarnos unos a otros. Y seguro que si algún día ellos se ven en una situación mala tú también harás todo por ayudarles. ¿No es mejor verlo como la ocasión que has tenido para saber que tu familia te va a respaldar siempre que pueda? Estoy segura de que a ellos también les preocupa nuestra situación, aunque no les haya afectado tan directamente esta crisis. Les parece tan injusto como a ti y a mí que, después de prepararnos tanto, nos veamos en esta situación. Pero en fin, es lo que hay. Es mejor aceptarlo y ver, en la situación en la que estamos, cómo podemos movernos y reaccionar.

-Ya, todo lo que dices me suena súper lógico, sensato y maduro. Estoy totalmente de acuerdo. Pero no es fácil verlo así.

-Por supuesto que no. A mí me ha costado años de ansiedad, insomnio y, últimamente, 6 kilos de peso. Pero creo que es cierto que, al final, es la experiencia y en mi caso ha sido el sentirme muy mal y muy hundida lo que me ha hecho ver lo que es realmente importante. Porque una vez que sientes que lo vas perdiendo todo y te das cuenta de que sólo te quedas tú, aprendes que hay que hacer todo lo que puedas por cuidar de ti mismo. Seas como seas. Es como convertirte en tu propia madre. Y así, siempre te moverás con una sensación de estabilidad interna, y de orgullo, porque en todo momento sabes que estás cuidando de ti e incluso te lo agradeces.  Pero como te digo, cualquier acción, o cambio de actitud, para que sea real, tiene que partir de una determinación. Y esa determinación nace de un sentimiento profundo de querer cambiar y aprender. Y eso, amiga mía, aunque a veces sean muy duras, sólo te lo dan las experiencias.

Nadie mejor que tú podrá
decidir cambiar
Nadie mejor que tú para
encontrar otra realidad
Nadie mejor que tú sabrá
cuál es la verdad
Nadie mejor que tú para
inventar la felicidad

 

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Imagen: soniadelgado.blogspot.com

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