Pobre niña rica. Pobre niña buena.

ponreniñaricaMi padre había vuelto a pagarme la fianza. Lo más curioso fue la mirada de reproche que le dirigió al policía mientras me acompañaba fuera de la celda y hasta la calle. O, en realidad, no era tan extraño. No en él.

-Qué exagerados – dijo -, estoy seguro de que a tus amigas no las han hecho venir hasta aquí.

-Mis amigas no estaban – le rectifiqué.

-Ya… – asintió de forma evasiva, mientras entrábamos en el coche y volvíamos a casa-. Te recomiendo que no vuelvas a salir con esa gente.

Siempre era así. Nunca quería escuchar la verdad. La culpa siempre era de otros.

Llegué a casa y me metí en mi habitación. Ya no estaba sumida en el caos, como cuando la hubiera abandonado la noche anterior. Todo había sido perfectamente recogido y ahora parecía la fotografía de una revista de decoración. Tenía que haber sido mi madre.

Lo cierto era que yo había pasado una noche horrible en el calabozo y ahora tenía una fuerte resaca. Me habían detenido por beber en la calle, pero no sólo por eso: hasta donde alcanzaba a recordar, había estado chillando en la calle, dado patadas a los contenedores e, incluso, me había llevado por delante el espejo retrovisor de un coche. Al menos, eso creía. La verdad es que, desde hacía tiempo, notaba cómo necesitaba cada vez más a menudo salir de casa, beber unas cervezas con amigos o conocidos… pero cada vez me daba más cuenta de cómo se me iba de las manos. A partir de la tercera caña, perdía la medida de todo: bebía más y más rápido que cualquiera de mis amigos y entre mis recuerdos se intercalaban demasiadas lagunas. Me caía, rompía cosas, incluso me encaraba con los puertas de los bares si no me dejaban entrar. Lo peor de todo era que, desde hacía un tiempo, me había dado cuenta de que necesitaba hacer todas esas cosas. Lo hacía porque lo necesitaba demasiado. Una fuerte y apremiante sensación se revolvía y subía y bajaba de mi corazón a mi garganta. Aquello era lo único que me aliviaba. Necesitaba dejar de tenerlo todo controlado, pero sólo lo conseguía de aquella manera tan exageradamente desatada y caótica.

Me tumbé en la cama y observé mi perfecta habitación. En ella no había, en realidad, nada demasiado personal. Era un cuarto frío. En una pared se agolpaban mis títulos de Derecho, Empresariales, MBA… todos con sobresaliente o matrícula de honor. A la vez que los miraba ahogué un nudo en mi garganta y pestañeé, tratando de evitar que las lágrimas salieran de mis ojos. Cuánto me habría gustado estudiar pedagogía, pero mi familia me había aconsejado aquella otra trayectoria, que nada tenía que ver conmigo. Asustada ante la posibilidad de cometer un error, había hecho caso a los consejos de mi familia y había seguido el camino aconsejado. Un camino que estaba pensado para otra persona. Es un trabajo muy bonito. Sí, hija, pero no es igual de prestigioso, y no te asegura encontrar tan buen trabajo ni un buen sueldo. Tú piénsalo. Verás cómo te parece más lógico y práctico.

Me di la vuelta en la cama y mis ojos se cruzaron con la otra pared. Ésta estaba llena de fotos con familiares y amigos. En todas ellas aparecía con una posición demasiado recta, firme, siempre con la sonrisa más adecuada. Lo cierto es que, al verlas todas a la vez, me recordé a mí misma a un dependiente de alguna cadena de hamburguesas. ¿Con patatas o sin patatas?, parecía que era lo que aquellas imágenes estuvieran a punto de decir. Salvo las del último año. En éstas ya se veía algo diferente. Un gesto histérico que se reprimía en una sonrisa torcida, en una tensión antinatural. Me incorporé y me miré en el espejo. Así había sido desde entonces.

Lo cierto es que la forma en que las personas beben, lo que beben, cuánto beben y cómo se comportan tras hacerlo dice mucho de ellas. Una persona que no se atreve a beber posiblemente tenga demasiado miedo de dejar de controlar la situación. Alguien tímido beberá de más cuando aparezca la chica que le gusta. Una persona que contiene demasiado su ira se replicará constantemente a partir de la segunda copa. Los que hemos pasado demasiados años sin dejarnos llevar y ya no sabemos cómo hacerlo por nosotros mismos, también tenemos nuestra forma de beber. Es impulsiva, fuerte, y libera demasiada tensión en una sola noche. Nos hace liberar todo lo que hemos contenido durante un periodo de tiempo que ha excedido lo sano, lo racional y lo humano. Y luego, al día siguiente, nos sentimos culpables por haberlo hecho. Es la resaca moral. Porque estamos demasiado acostumbrados a hacer lo que se espera de nosotros, a no cometer nunca errores y ser buenos siempre de cara a la galería. Pero ese ser, esa especie de Mr. Hyde que liberamos también es parte de nosotros y, al no dejar que se reconcilien los dos, estamos creando algo demasiado peligroso. Para los demás, pero sobre todo para nosotros.

Después de todo, ¿es tan terrible cometer un error? ¿O veinte? ¿O los que sean necesarios para llegar a descubrir quién somos? ¿Cuál es el precio por dejar fingir ser otra persona que no eres tú? Lo cierto es que, después de años en la burbuja de la niña buena, dejas de atreverte a equivocarte. Te da demasiado miedo. Pero ahí está. Por eso los lápices tienen goma de borrar.

-Pero hija, ¿qué estás diciendo? ¿Seguro que lo has pensado bien?

-Sí, lo he pensado mucho – afirmé, mientras asentía con la cabeza.

-Pues yo creo que te estás equivocando – añadió mi madre -. No sé, dejarlo todo y empezar de cero. Emprender un negocio en estos tiempos. ¿Y además marcharte de casa? ¿Es que no estás bien aquí?

-Estoy de maravilla. Pero si no me atrevo ahora a descubrir quién soy y a cometer mis propios errores, creo que me volveré loca. Además, ya es hora de abandonar el nido, ¿no? ¡Dentro de tres meses cumplo cuarenta años!

I can’t help the way I feel
But my life has been so overprotected.

Clic aquí para ver la letra completa en inglés y traducida.

Imagen: blog.blusox.com

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One thought on “Pobre niña rica. Pobre niña buena.

  1. Curiosamente, muchas personas dicen que las canciones de Britney Spears son muy superficiales; la imaginación sin duda pone el otro lado de su mejilla, al describir una historia que no es ajena a la realidad, muchos jóvenes seguimos cumpliendo las expectativas de nuestros padres y siempre sucede que a última hora “nos cae el veinte”, como decimos en México.

    Overprotected es una de mis canciones favoritas de Britney Spears y el relato es maravilloso.

    Saludos Karuna ^^

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