Para no olvidar

La fiesta de aquella tarde no podría ir mejor: rodeado de todos mis amigos, festejan, me felicitan, brindan conmigo y yo he perdido la cuenta de las copas y cervezas que me he bebido. Creo que, además de divertirme, aún trato de reunir el valor para acercarme a ti. Puede que tú también estés haciendo lo mismo con esos chupitos que bebes con tus amigas en la barra, o puede que, simplemente, te dé igual. Al menos, ésa es la sensación que me transmites siempre.

El tiempo pasa. Ya me siento más relajado, olvido algunas de mis preocupaciones de adolescente, me río con más facilidad, empiezo a hablar demasiado. Y entonces, alguien me agarra del brazo. Suave, pero firmemente. Eres tú.

Supongo que si no hubiera bebido el doble que tú, notaría que también estás algo borracha. Pero, lo único que veo es una mirada tan firme y dura que intuyo que estás enfadada conmigo.

—Como veo que no te hago mucha falta, creo que me voy a ir. Adiós.

Me cuesta pestañear. Una despedida fría, sin más contacto que tu mano sobre mi antebrazo, que sueltas con un deje de desprecio. Mierda.

—No, espera, por favor.

Para No Olvidar   Pero ya has salido del bar. Dejo mi copa, olvido el abrigo y salgo a la calle a buscarte, mientras pienso en la frase que me has soltado como despedida. Por fin, veo un mínimo resquicio para hablar. Para decirte algo que para mí es realmente importante. Acabo de ver una puerta que tal vez esté abierta, cuando yo la creía cerrada. Llueve, pero no me importa. Miro a mi alrededor, tratando de dar contigo. Pensando en lo que quiero decirte. Yo nunca quiero que te vayas. Es más…

Grito tu nombre al ver que te alejas por una calle. Doblas una esquina y los rizos de tu pelo son lo último que alcanzo a ver. Camino rápido, casi corriendo hacia ti.

Otra vez me ha vuelto a pasar. Mierda. ¿Es que nunca va a dejar de sucederme? Apenas me acuerdo de ti, alguna vez, por casualidad. Todo está enterrado en mi memoria. Pero, sigue sucediéndome lo mismo. Cada seis meses, o cada tres. O tal vez cada dos años. Sin motivo aparente, vuelvo a soñar contigo y, cuando me despierto, y descubro que sólo ha sido un sueño, vuelve a invadirme una profunda desazón. En mis sueños siento dicha cuando pienso en que sigues ahí, en que me prestas atención. Pero la decepción de que no sea real me quita hasta el aire.

Mi cabeza me dice que tiene que haber sido alguna asociación absurda en mi mente, o algo que identifico con tu forma de ser. Relacionado con alguna vivencia del día anterior, con una explicación lógica y sin tanto dolor emocional. Pero algo más primitivo, algo que siento cerca de la garganta y también de los pulmones, me dice que tiene que ser algo más, una señal, una intuición.

Supongo que ya da igual. Hace más de diez años desde la última vez que te vi, pero sé que aún pasaré algunas horas o, incluso días, tratando de volver a esa sensación confortable que me dieron esas palabras. Unas palabras que sólo pronunciaste en mi sueño.

Luego, tal vez, vuelva a pensar en lo que pudo haber sido. En lo que nunca me atreví a decir. En lo que, tal vez, nunca te atreviste a decirme. En lo difícil que es que las cosas salgan bien cuando se trata de dos personas tan orgullosas. Siempre tuve la sensación de que te creías mejor que yo. De que yo no era lo bastante bueno para ti. Tal vez porque mi forma de ser estaba menos centrada en lo que era correcto o lo que no. Tal vez, sentías miedo a que te hiciera daño. Tal vez te lo hice. Tal vez, tú a mí también. Porque, de otra manera, no entiendo por qué algo de mí sigue manteniendo, aletargado en mis entrañas, ese anhelo que vuelve, de vez en cuando, a abrir los ojos. Pero sólo cuando los míos están cerrados.

Nunca me permito pensar en ti. Vivo mi vida como una huida hacia delante, pensando que todos tenemos alguna historia romántica, más o menos relevante, de ésas que se evocan con ternura, con una sensación agridulce, pero de la que nunca nos arrepentiremos. Que nos permite recordar los primeros años de nuestra juventud y recordar lo vivos que nos sentíamos entonces. Pero pienso en que me he vuelto a sentir vivo muchas otras veces, y en que volveré a sentirme así en el futuro. Envuelvo los pocos recuerdos felices que tengo contigo con una cinta de rayas negras y amarillas, los rodeo de vallas de seguridad y pongo un cartel con enormes y vistosas letras en el camino hasta ellos: NO PASAR. Eres mi recuerdo prohibido.

Pero mi inconsciente es una parte de mí que no sabe de esas cosas. Y, de vez en cuando, juega con las leyes de la física, te saca de esa zona restringida que siempre sigue ahí, y te acerca hasta mis brazos. Aunque luego me duela, me gusta que lo haga. Por eso, sólo de vez en cuando, vuelvo a soñar contigo. Y, si me despierto, a veces vuelvo a intentar dormirme para seguir sintiendo que, lo que ahora es un sueño, fue real hace mucho tiempo.

¿Qué habrá sido de ti? Me gustaría coger el teléfono y llamarte, pero no me atrevo. Si un sueño me revuelve tanto, imagina lo que podría hacerme la auténtica tú. O tal vez no. Tal vez algún día, tú también hayas soñado conmigo. Con aquella lluvia o con algún otro momento, que también llene de calidez todo tu cuerpo. De una paz y de una tranquilidad parecidas a la felicidad. Tal vez sí. Pero tú tampoco te has atrevido a decírmelo nunca. Puede que hoy hayamos soñado lo mismo y los dos estemos pensando en volver a vernos. Pero no nos atrevemos a exponernos, a sufrir, a hacernos daño. Ojalá supiera lo que piensas. Ojalá supiera lo que sientes. Porque tú nunca sabrás cómo me siento, ni que, después de tantísimos años y, aunque lo intente con todas mis fuerzas, todavía hay momentos en que me sigo acordando de ti. En que lo más profundo de mí me devuelve a ti.

Por eso tengo la certeza de que volveremos a vernos, sí. Volverá a suceder. Nos diremos lo que sentimos, sentiremos rabia por haber dejado pasar el tiempo, pero alegría por habernos atrevido, al fin, a liberarnos de esas prohibiciones que hemos creado en nuestra memoria y en nuestras emociones. Pero será, como hoy, sólo por unas horas, antes de despertarnos. Una vez más, lo que más quisimos, sólo se hará real mientras dormimos. Tal vez sea mejor así. Luego, al cabo de unos días o de unas horas, decidiremos que es mejor no pensar más en el pasado, ni tampoco en el futuro. Y asumiremos que lo mejor que podemos hacer es seguir viviendo. Después de todo, cualquier noche, nos volveremos a encontrar.

Y si un día te encontrare una mañana…
¿será posible?, será dormido.
¿Será posible?, será dormido.

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Imagen: mixtarhka.blogspot.com

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